Jefe Atta: El secreto de la Casa Blanca.

Jefe Atta: El secreto de la Casa Blanca.

Author:PILAR URBANO
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-01-07T00:00:00+00:00


* Esos eran los horarios en la previsión oficial. El 11/S hubo ligeras variaciones en las horas de despegues: 11-AA, a las 7.59; 175-UA, a las 8.14; 77-AA, a las 8.20; 93-UA, a las 8.42.

no dijo nada. Se quedó pensativo. Atta aguardó unos segundos; luego, viendo que la noticia de Moussaoui no inmutaba a nadie, pasó a los asuntos siguientes.

Ordenó a todos que tuviesen listos para los miembros de cada comando «dos cambios sucesivos de domicilios en ciudades distintas y un tercer alojamiento cerca de la salida al aeropuerto, para la última noche». Adelantando la cabeza y el torso y bajando la voz, como para subrayar el sigilo, les dijo:

- Entramos en la recta final: de hoy al Día D, extremad las cautelas en las comunicaciones. Hablad poco por teléfono. Mejor nada. Yo voy a alquilar un par de coches diferentes para ir a veros y que podamos comentar las novedades cara a cara. Vosotros moveos también, y que cada jefe de comando esté muy encima de sus hombres. Hasta aquí hemos estudiado el trampolín y hemos diseñado y entrenado el salto. Bien. Ahora lo importante es atender a los atletas. Si es posible, debéis contactar todos los días con cada uno de vuestro equipo.

Nawaq Hazemi y Jalid Almidhar se turnaban vigilando en el pasillo. Cuando parecía que no quedaba nada por despachar en el «orden del día», Atta carraspeó y se tocó la garganta mirando oblicuamente hacia la rejilla del refrigerador. Expelió aire por la nariz varias veces y, del tono expeditivo de las órdenes pasó a otro más untuoso y cortés:

- Os debo una explicación por haberos citado en Las Vegas. Veréis... El otro día, uno del grupo, no está aquí y no diré su nombre, me hizo este comentario: «¿Sabes qué te digo? Pues que después de llevar equis meses conviviendo con yanquis y tratándolos de cerca, no me parece que sean ni tan cerdos ni tan malvados como yo creía. Hombre, hay de todo; pero estoy conociendo americanos encantadores, cariñosos, atentos... en fin, buena gente. De algunos yo sería amigo y ¡muy a gusto!». Me quedé de piedra. Al instante en no sé qué zona de mi cerebro se disparó la chicharra de una alarma.

»Ésa es la irrespetuosa razón... irrespetuosa, lo admito, de haberos hecho venir hasta aquí para una reunión de trabajo. Quería que lo vierais con vuestros propios ojos. ”No son tan cerdos como yo creía... son, en fin, gente buena” —imitó gazmoño la voz de su confidente—. No necesito deciros nada. Salid y ved. Y que nadie se confunda: eso que hay ahí fuera no es una caricatura ni es una imitación. Es real. Es lo que es: una Meca idólatra con sus catervas de peregrinos (¡¡treinta millones al año, sólo por el aeropuerto McCarranü), enfermos de tedio y de banalidad que acuden a adorar en sus altares a los dioses del Juego, el Dinero, el Lujo, el Sexo, el Alcohol, la Droga. Una ciudad vampiro, dicen ellos mismos en sus guías, que duerme de día y vive de noche.



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